jueves, 23 de diciembre de 2021

DICIEMBRE

Diciembre es un mes fuerte pues las fiestas nos ponen de manifiesto lo que no hay, lo que no está, lo que partió, lo que finalizó... y también lo qué hay y logramos
Que hacemos con ello? Observamos?, Reflexionamos?, Prendo una vela?, Lo acepto y lo llevo a mi corazón y me uno al canto de la vida?..., o Me enojo? Reacciono? Me violento? Me angustio? Juzgo y critico? o Me encierro?
Lo que nos trae Diciembre es para amarlo y plegarnos ante la vida; somos sus hijos.
Es un tiempo donde la invitación es invitarte y honrar la vida, somos vida.
Amate.
Son momentos, de soltar, de sencillez, de humildad. El regalo de ser y de estar viva. Son tiempos grandes, por eso la necesidad de estar humildes y simples. Solo podemos vivir el presente que es lo único que tenemos.
Quien habla en vos? El pasado? Habla la persona de aquel pasado? O habla la que huele el presente; la que abre su corazón al cálido sol de este día?
Es tiempo de vivir sintiendo la vida mientras experimentamos tanto movimiento hacia más vida.
La vida es una travesía que así como nos lleva por hermosos lugares y a conocer lindas personas esta la otra fase, en compensación, pasamos por millares de cosas. Y con tantas misiones del destino en nosotros: despertar, abrir el corazón, hacernos fuertes, sanar el ancestro, aprender del arte que trae nuestra alma, descubrir la fuerza que la vida nos enviste a penas nacemos...y tanto más…

Todos podemos escribir libros sobre nuestros caminos, huellas y esta bestial experiencia que es vivir. 

Diciembre es un mes fuerte, seamos como Diciembre todo el año



viernes, 5 de julio de 2019

TODO AQUELLO QUE TU VEAS DE NEGATIVO EN TU PAREJA ES AQUELLO QUE TIENES QUE SANAR

TODO AQUELLO QUE TU VEAS DE NEGATIVO EN TU PAREJA ES AQUELLO QUE TIENES QUE SANAR
Por Enric Corbera
Si tú crees que tu pareja está demasiado encima de tu hijo, eso quiere decir que tú no estás asumiendo el papel que te corresponde. “Es que si no lo hago yo, no lo hace nadie”. No lo hagas y verás cómo lo van a hacer. Ah, pero igual no lo hacen a tu gusto y eso es otra historia. Eso se llama control. Yo quiero que los demás hagan aquello y además como yo quiero que lo hagan. Este es el problema. Entonces como no lo hacen como tú quieres que lo hagan, vas y lo haces. Y así va todo… ¿Ya te ocupas de vivir tu vida?...”Estoy en ello”… ¡Otro que lo intenta¡ ¿Qué quiere decir estar en ello?
No hay otro, eres tú
Hay que integrar esto, aunque te duela, acéptalo. La realidad que tú estás creando constantemente te puede resultar incómoda, hasta dolorosa y hasta te puede poner enferma, pero el día que comprendas que esa realidad, que los enemigos con los que luchas eres tú, aquel día integrarás, aquel día te curarás. Y esto no hay un como: “caminante no hay camino, se hace camino al andar y al volver la vista a tras verás la senda que nunca volverás a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en el mar”
Tú siempre verás el reflejo de tu totalidad, tú siempre verás el positivo y el negativo de ti. Y verás lo positivo de ti que te gusta o te molesta y lo negativo de ti que no lo quieres ni ver. Eres tu el que te fijas solamente en unos detalles. Por ejemplo, tú te miras en el espejo, cada mañana cuando te miras, ¿ves lo mismo?, ¿te ves igual? No, y qué cambia. Siempre verás el reflejo de tu estado de ánimo, siempre verás aquello que tienes que sanar. Entonces, qué tienes que sanar tú ahora mismo. Tú tienes dos excesos. Tú puedes estar muy alegre por algo y estar muy triste por otra cosa. Y esto es lo que debemos aprender. No debemos permitir que las frecuencias de alegría sobrepasen cierto límite y las frecuencias de depresión sobrepasen ciertos límites. Dicho de otra manera, nos deberías mover en un umbral hasta tal punto que las altas frecuencias de felicidad vayan bajando, las de depresión vayan subiendo y donde se encuentran sea una línea, la unidad. Que la única línea sea la unidad porque comprenderás que en la unidad no existe ni el dolor ni la felicidad. Eres tú, un cocreador de Dios.
Siempre nos estamos proyectando en los demás. Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro. Siempre estamos viendo el pecado en el otro, cuando el pecado está en nosotros. No es que esté el pecado en nosotros sino que lo hemos condenado previamente en nosotros. Si recibes desamor, te preguntas por qué no te amas, si recibes rechazo, te preguntas por qué te rechazas, qué aspectos de ti rechazas…
Tu hermano es el espejo en el que ves reflejada la imagen que tienes de ti mismo mientras perdure la percepción. Las interpretaciones que haces de las necesidades de tu hermano son las interpretaciones que haces de las tuyas propias. Esta es la idea. Si queréis aplicar la terapia del espejo en vuestras vidas, esta es la idea. Aquello que tu veas que al otro le hace falta es aquello que te hace falta a ti. El consejo que das al otro es el consejo que te hace falta a ti. La acción que haces para el otro es la acción que necesitas hacer para ti. Y así sucesivamente.
-No soporto que me mientan, me pone enferma.- ¿En qué te mientes a ti mismo?
-“No soporto la infidelidad”.-¿En qué soy infiel conmigo misma?
-“En no hacer muchas veces lo que quiero hacer”.- ¿Cómo vas a saber que progresas? Pues en la medida que veas infidelidad a tu alrededor y no te ponga enferma. Igual el otro es infiel pero llegará un día que te importará un comino. Entonces ya eres fiel a ti misma.
*¿Qué es lo que no soporto?
*¿Qué es lo que me pone enferm@?
*¿Qué es aquello que me saca de mis casillas?
*¿Qué es aquello que me altera?
*¿Qué es aquello que me quita la paz interior?
Esto es para lo que sirve el espejo. Esto es la aceptación. Entonces si yo acepto la infidelidad de la persona que me hace de espejo y la acepto porque comprendo que él es el espejo en el cual me muestra que yo soy infiel a mí misma, a eso se llama aceptación.
¿Qué es lo que no me gusta de él? Esto que no me gusta de él es lo que no me gusta de mí.

viernes, 7 de junio de 2019

BIODESCODIFICACIÓN - TOS


BIODESCODIFICACIÓN - TOS

La definición se refiere a esa tos sin razón aparente que ocurre en algunos momentos del día a día o bien de manera crónica (diariamente varias o muchas veces).
Qué conflicto emocional estoy viviendo? Si yo toso, quiere decir necesariamente que algo que he dicho o me han dicho "me ha irritado". Soy una persona muy irritable, muy crítica de mí, de lo demás y de los demás. La tos me dice que debo ser más tolerante conmigo y con los demás. Una situación presente cuando la tos es crónica, es el hecho de que "estoy soportando" a alguien que me irrita constantemente: mi pareja, mi mamá, mi papá, mi hermana, mi jefe, mi compañero de trabajo, etc. Puede ser una persona que constantemente se burla de mí, que constantemente me dice qué hacer y cómo hacerlo o bien una persona que no hace jamás lo que yo digo ni lo hace como yo quiero.

Y esa es la gran diferencia entre estornudar y toser.

Cuando algo del exterior me molesta, yo estornudo.
Cuando algo del exterior me molesta y además me hace criticarme a mí mismo, toso.

Resentir:
"Algo me irrita".
"Esta otra persona ha entrado a mi interior".
"No tengo derecho a expresarme con fuerza".
"Esto que me han dicho me ha hecho sentir tonto".

TOS SECA
Cuando la tos es seca, se trata siempre de situaciones externas que me han molestado: Un intruso, una visita no esperada, una orden, algo que no soporto hacer, oler algo que no soporto, estar en un lugar que no soporto, estar con personas que no soporto.

TOS CON FLEMAS
Cuando la tos presenta flemas, es decir, humedad, se trata siempre de situaciones externas que además de molestarme me ponen triste, alguien que me criticó, alguien que me hirió, alguien que me ofendió, algo que no supe resolver, etc.

La tos en sí misma podría que simbólicamente significa: "le ladro al mundo". Un perro ladra cuando quiere ser escuchado, cuando quiere ser tomado en cuenta, valorado.

La tos es mi manera de decirle al mundo: "Oigan, merezco respeto y atención, estoy aquí y soy capaz de pensar y decidir por mí mismo".

Cada vez que tosas, detente un segundo y observa qué estabas pensando segundo antes de toser. Pon atención a cuántas veces al día te críticas o que no te aceptas como eres. Reconoce quién o qué circunstancias de hacen criticarte. Toma conciencia de la irritación emocional en tu interior, sé tolerante contigo mismo de la forma en que quisieras que los demás lo fueran.


Fuente: AKASHA SANACIÓN INTEGRAL

jueves, 16 de mayo de 2019

A VECES AMAR ES NO AYUDAR A QUIENES AMAMOS


 Madurar es hacerse cargo de de las consecuencias de nuestras acciones. 
Por amor, intentamos que quienes están atravesando situaciones difíciles, no sientan dolor, se equivoquen, o sufran...
A veces es bueno recordar que no estamos para evitar los aprendizajes de los demás.
Todos aprendemos a decidir desde las consecuencias de lo que hacemos.
Quizá estamos tratando de evitar que esta persona llegue al final del pozo... 
¿y eso a quién sirve más? ¿al otro o a mí?
Aprendemos de nuestros errores SOLO SI NOS DEJAN EQUIVOCARNOS... 
Si realmente amamos, y queremos ayudar, habrá que dar espacio al error y al aprendizaje personal. Siempre podrán contar con nosotros para acompañar el aprendizaje sin invadir.

#ErrareHumanumEst
mujer-ante-una-ventana-suspendida-en-el-aire

jueves, 18 de abril de 2019

A LAS PALABRAS NO SE LAS LLEVA EL VIENTO

A las palabras no se las lleva el viento
Las palabras tienen poder, curan o hieren...
Hay que pensar sabiamente antes de hablar porque, a veces, quedarse callado es la mejor opción.
Si vas a decir algo, dí algo que construya. NO que destruya.
Dí algo que sane, que nos sane

domingo, 18 de junio de 2017

Feliz día Papá

La última caricia, el último abrazo, hasta allí viajo en el recuerdo y me detengo en todas las veces que no te dije lo mucho que te quiero. Te extraño mucho ❤

lunes, 22 de mayo de 2017

Los efectos de nuestras sombras. Por Juan Carlos Arroyo


Las sombras son esos aspectos que no nos gustan de nosotros mismos. Eso que no mostramos o que intentamos no mostrar. Son esas cualidades que escondemos porque nos avergonzamos de ellas. Es eso que no queremos que forme parte de nosotros. Sabemos que están ahí y que aparecen cada día en forma de pensamientos, pero las ocultamos. Las sombras son, pues, nuestra vulnerabilidad.

En una sociedad en la que hemos de ser perfectos, o mejor dicho, tenemos que aparentar que lo somos, porque así es como pensamos que se nos reconoce y se nos valora, mostrar nuestra vulnerabilidad puede parecer que es correr un alto riesgo existencial.

Eso es lo que creemos. Es una creencia que nos limita enormemente, porque nos impide aceptarnos tal y como somos. Nos impide enfrentarnos a nuestra autenticidad, a nuestra verdad, nos guste esta o no. En definitiva, nos impide ser.

Y el engaño persiste en la medida que esa creencia nos miente haciéndonos creer que nos ayuda a sobrevivir con nuestras sombras. ¿Cómo lo hace? Pues nos crea un personaje para que no reconozcamos que las tenemos y para poder tener nuestro sitio en la sociedad. Es cuando nuestro ego (filosófico) se crea una máscara que se alimenta de la falsedad y que utiliza la mentira para mantenerse firme e importante. Y como a este ego aparente y superficial solo le gusta la claridad y lo bonito, entonces se marca la tarea de generar más luz. Lo hace creándonos falsas cualidades que se inventa para que podamos sobrevivir, eso sí, con insatisfacción patológica.

Las sombras son, pues, las enemigas del ego y, si en un momento de lucidez y autenticidad, las reconocemos y las mostramos, entonces este se siente herido. A partir de ahí: fingimos, mentimos, justificamos, etcétera. Es decir, hacemos de todo para aparentar eso que no somos, eso que odiamos.

Y es que en lugar de confrontar nuestra propia oscuridad, lo que hacemos es proyectar en los demás estas cualidades no deseadas. Por eso, cuando algo nos molesta en exceso de otros, dice más de nosotros mismos que de ellos.

En definitiva, estas sombras no nos dejarán en paz si no somos capaces de ocuparnos de ellas. Y si no lo hacemos, entonces persistirán y serán ellas las que se ocupen de nosotros. Como consecuencia de esto, acabarán apareciendo. Y cuando lo hagan, nuestro ego se sentirá traicionado y reaccionará de forma desproporcionada.

Ahora bien, si nos concedemos la suficiente serenidad y autoconfianza para aceptarlas y no avergonzarnos de ellas, entonces nuestra alma dejará de ser un lugar de contradicción, de paradoja y de ambigüedad.

Por eso, cuando abrazamos nuestras sombras, estamos abrazando a quienes somos realmente. Es entonces, al reconciliarnos con nuestra totalidad, cuando experimentamos la libertad. De esta forma nos enfrentamos a nuestra oscuridad y hallamos la luz plena.

De ahí que para llegar a permitir que nuestra luz brille en todo su esplendor tengamos que aceptar las sombras. Por eso, si no nos aceptamos a nosotros mismos en toda nuestra plenitud, será nuestra luz la que más nos asuste

José Carlos Arroyo

Orientador filosófico, coach y escritor

jueves, 18 de mayo de 2017

Mas de 50

SI miramos con cuidado podemos detectar la aparición de una franja social que antes no existía: la gente que hoy tiene entre cincuenta y setenta años:
A este grupo pertenece una generación que ha echado fuera del idioma la palabra "envejecer", porque sencillamente no tiene entre sus planes actuales la posibilidad de hacerlo.
Se trata de una verdadera novedad demográfica parecida a la aparición en su momento, de la "adolescencia", que también fue una franja social nueva que surgió a mediados del S. XX para dar identidad a una masa de niños desbordados, en cuerpos creciditos, que no sabían hasta entonces dónde meterse, ni cómo vestirse.
Este nuevo grupo humano que hoy ronda los cincuenta, sesenta o setenta, ha llevado una vida razonablemente satisfactoria.
Son hombres y mujeres independientes que trabajan desde hace mucho tiempo y han logrado cambiar el significado tétrico que tanta literatura latinoamericana le dio durante décadas al concepto del trabajo. Lejos de las tristes oficinas, muchos de ellos buscaron y encontraron hace mucho la actividad que más le gustaba y se ganan la vida con eso. Supuestamente debe ser por esto que se sienten plenos; algunos ni sueñan con jubilarse. Los que ya se han jubilado disfrutan con plenitud de cada uno de sus días sin temores al ocio o a la soledad, crecen desde adentro. Disfrutan el ocio, porque después de años de trabajo, crianza de hijos, carencias, desvelos y sucesos fortuitos bien vale mirar el mar con la mente vacía o ver volar una paloma desde el 5º piso del departamento.
Dentro de ese universo de personas saludables, curiosas y activas, la mujer tiene un papel rutilante. Ella trae décadas de experiencia de hacer su voluntad, cuando sus madres habían sido educadas a obedecer y ahora pueden ocupar lugares en la sociedad que sus madres ni habrían soñado en ocupar.
Algunas se fueron a vivir solas, otras estudiaron carreras que siempre habían sido exclusivamente masculinas, algunas estudiaron una carrera universitaria junto con la de sus hijos, otras eligieron tener hijos a temprana edad, fueron periodistas, atletas o crearon su propio "YO, S.A.". Este tipo de mujeres nacidas en los 50s o 60s. no son ni por equivocación las clásicas "suegras" que quieren que los hij/as les estén llamando todos los días, porque ellas tienen su propia vida y ya no viven a través de la vida de los hijos. Su camino no ha sido fácil y todavía lo van diseñando cotidianamente.
Pero algunas cosas ya pueden darse por sabidas, por ejemplo que no son personas detenidas en el tiempo; la gente de "cincuenta, sesenta o setenta"", hombres y mujeres, maneja la compu como si lo hubiera hecho toda la vida. Se escriben, y se ven, con los hijos que están lejos y hasta se olvidan del viejo teléfono para contactar a sus amigos y les escriben un e-mail con sus ideas y vivencias.
Por lo general están satisfechos de su estado civil y si no lo están, no se conforman y procuran cambiarlo. Raramente se deshacen en un llanto sentimental. A diferencia de los jóvenes; los sexalescentes conocen y ponderan todos los riesgos. Nadie se pone a llorar cuando pierde: sólo reflexiona, toma nota, a lo sumo… y a otra cosa.
La gente mayor comparte la devoción por la juventud y sus formas superlativas, casi insolentes de belleza, pero no se sienten en retirada. Compiten de otra forma, cultivan su propio estilo…
Ellos, los varones no envidian la apariencia de jóvenes astros del deporte, o de los que lucen un traje Armani, ni ellas, las mujeres, sueñan con tener la figura tuneada de una vedette. En lugar de eso saben de la importancia de una mirada cómplice, de una frase inteligente o de una sonrisa iluminada por la experiencia.
Hoy la gente de 50 60 o 70, como es su costumbre, está estrenando una edad que todavía NO TIENE NOMBRE, antes los de esa edad eran viejos y hoy ya no lo son, hoy están plenos física e intelectualmente, recuerdan la juventud, pero sin nostalgias, porque la juventud también está llena de caídas y nostalgias y ellos lo saben. La gente de 50, 60 y 70 de hoy celebra el Sol cada mañana y sonríe para sí misma muy a menudo…hacen planes con su propia vida, no con la de los demás. Quizás por alguna razón secreta que sólo saben y sabrán los del siglo XXI.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

DAME UNA CITA

Dame una cita con derecho a roce, 
a goce y lo que surja. 
Dame una tarde que invite a la noche y más allá,
para bucear en nuestros espacios abisales,
compartir nuestros monstruos
y maravillarnos al contemplarlos de cerca.
Dame solo un día,
una hora,
un lugar,
un planeta...
para una cita a la fuga.
Y ya no necesitaremos ni el reloj ni los astros,
-ni siquiera los pies en la tierra-
para saber
en qué punto estamos.

martes, 30 de agosto de 2016

A veces

A veces
A veces para que todo se ordene tenemos que pasar por un proceso de cambio y desorden. Parece una paradoja, pero no lo es, es parte de una fase de transformación, muchas veces dolorosa, ya que estamos dejando atrás lo malo y haciendo espacio para lo nuevo y mejor que va a venir. Quizá debemos caer muy hondo, para levantarnos con más fuerza y creer en nosotros mismos, como nunca lo habíamos hecho. Se valora más la luz, cuando se está en la oscuridad. Por eso, cuando pienses que todo está perdido, cuando hayas perdido la esperanza, no dejes de confiar en que todo va a cambiar. Quizá sea cuando más cerca estás de alcanzar tus objetivos y sueños.
“Y justo cuando la oruga pensó que era su final, se transformó en mariposa”.

jueves, 28 de abril de 2016

Lo que no decimos nos mata...

Sabes a donde van las palabras que no se dijeron?
A donde va lo que queres hacer y no haces?
A donde va lo que queres decir y no decis?
A donde va lo que no te permitis sentir?
Nos gustaría que lo que no decimos caiga en el olvido, pero lo que no decimos se nos acumula en el cuerpo, nos llena el alma de gritos mudos
Lo que no decimos se transforma en insomnio, en dolor de garganta
Lo que no decimos se transforma en nostalgia, en destiempo
Lo que no decimos se transforma en deuda, en asignatura pendiente
Lo que no decimos se transforma en insatisfaccion, en tristeza, en frustracion

Lo que no decimos no se muere, nos mata

viernes, 15 de abril de 2016

Viajar

Una persona necesita viajar. 
Por su cuenta, no por medio de historias, imágenes, libros o televisión. 
Necesita viajar por sí misma, con sus ojos y sus pies, para entender quién es. 
Para un día plantar sus propios árboles y darles valor. 
Conocer el frío para disfrutar el calor. Y lo opuesto. 
Sentir la distancia o el desarraigo para estar bien en su propio techo. 
Una persona necesita viajar por lugares que no conoce para romper esa arrogancia que nos hace ver el mundo como lo imaginamos y no simplemente como es o puede ser; que nos hace profesores o doctores de lo que no vimos, cuando deberíamos ser alumnos y simplemente ir a ver.


miércoles, 9 de marzo de 2016

"Puto el que lee esto" Por Roberto Fontanarrosa






Nunca encontré una frase mejor para comenzar un relato. Nunca, lo juro por mi madre que se caiga muerta. Y no la escribió Joyce, ni Faulkner, ni Jean-Paul Sartre, ni Tennessee Williams, ni el pelotudo de Góngora.
Lo leí en un baño público en una estación de servicio de la ruta. Eso es literatura. Eso es desafiar al lector y comprometerlo. Si el tipo que escribió eso, seguramente mientras cagaba, con un cortaplumas sobre la puerta del baño, hubiera decidido continuar con su relato, ahí me hubiese tenido a mí como lector consecuente. Eso es un escritor. Pum y a la cabeza. Palo y a la bolsa. El tipo no era, por cierto, un genuflexo dulzón ni un demagogo. "Puto el que lee esto", y a otra cosa. Si te gusta bien y si no también, a otra cosa, mariposa. Hacete cargo y si no, jodete. Hablan de aquel famoso comienzo de Cien años de soledad, la novelita rococó del gran Gabo. "Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento..." Mierda. Mierda pura. Esto que yo cuento, que encontré en un baño público, es muy superior y no pertenece seguramente a nadie salido de un taller literario o de un cenáculo de escritores pajeros que se la pasan hablando de Ross Macdonald.
Ojalá se me hubiese ocurrido a mí un comienzo semejante. Ese es el golpe que necesita un lector para quedar inmovilizado. Un buen patadón en los huevos que le quite el aliento y lo paralice. Ahí tenés, escapate ahora, dejá el libro y abandoname si podés.
No me muevo bajo la influencia de consejos de maricones como Joyce o el inútil de Tolstoi. Yo sigo la línea marcada por un grande, Carlos Monzón, el fantástico campeón de los medio medianos. Pumba y a la lona. Paf... el piñazo en medio de la jeta y hombre al suelo. Carlitos lo decía claramente, con esa forma tan clara que tenía para hablar. "Para mí el rival es un tipo que le quiere sacar el pan de la boca a mis hijos." Y a un hijo de puta que pretenda eso hay que matarlo, estoy de acuerdo.
El lector no es mi amigo. El lector es alguien que les debe comprar el pan a mis hijos leyendo mis libros. Así de simple. Todo lo demás es cartón pintado. Entonces no se puede admitir que alguien comience a leer un libro escrito por uno y lo abandone. O que lo hojee en una librería, lea el comienzo, lo cierre y se vaya como el más perfecto de los cobardes. Allí tiene que quedar atrapado, preso, pegoteado. "Puto el que lee esto." Que sienta un golpe en el pecho y se dé por aludido, si tiene dignidad y algo de virilidad en los cojones.
"Es un golpe bajo", dirá algún crítico amanerado, de esos que gustan de Graham Greene o Kundera, de los que se masturban con Marguerite Yourcenar, de los que leen Paris Review y están suscriptos en Le Monde Diplomatique. ¡Sí, señor -les contesto-, es un golpe bajo! Y voy a pegarles uno, cien mil golpes bajos, para que me presten atención de una vez por todas. Hay millones de libros en los estantes, es increíble la cantidad alucinante de pelotudos que escriben hoy por hoy en el mundo y que se suman a los que ya han escrito y escribirán. Y los que han muerto, los cementerios están repletos de literatos. No se contentan con haber saturado sus épocas con sus cuentos, ensayos y novelas, no. Todos aspiraron a la posteridad, todos querían la gloria inmortal, todos nos dejaron los millones de libros repulsivos, polvorientos, descuajeringados, rotosos, encuadernados en telas apolilladas, con punteras de cuero, que aún joden y joden en los estantes de las librerías. Nadie decidió, modesto, incinerarse con sus escritos. Decir: "Me voy con rumbo a la quinta del Ñato y me llevo conmigo todo lo que escribía, no los molesto más con mi producción", no. Ahí están los libros de Molière, de Cervantes, de Mallea, de Corín Tellado, jodiendo, rompiendo las pelotas todavía en las mesas de saldos.
Sabios eran los faraones que se enterraban con todo lo que tenían: sus perros, sus esposas, sus caballos, sus joyas, sus armas, sus pergaminos llenos de dibujos pelotudos, todo. Igual ejemplo deberían seguir los escritores cuando emprenden el camino hacia las dos dimensiones, a mirar los rabanitos desde abajo, otra buena frase por cierto. "Me voy, me muero, cagué la fruta -podría ser el postrer anhelo-. Que entierren conmigo mis escritos, mis apuntes, mis poemas, que total yo no estaré allí cuando alguien los recite en voz alta al final de una cena en los boliches." Que los quemen, qué tanto. Es lo que voy a hacer yo, téngalo por seguro, señor lector. Millones de libros, entonces, de escritores importantes y sesudos, de mediocres, tontos y banales, de señoras al pedo que decidían escribir sus consejos para cocinar, para hacer punto cruz, para enseñar cómo forrar una lata de bizcochos. Pelotudos mayores que dedicaron toda su vida, toda, al estudio exhaustivo de la vida de los caracoles, de los mamboretás, de los canguros, de los caballos enanos. Pensadores que creyeron que no podían abandonar este mundo sin dejar a las generaciones futuras su mensaje de luz y de esclarecimiento. Mecánicos dentales que supusieron urgente plasmar en un libro el porqué de la vital adhesividad de la pasta para las encías, señoras evolucionadas que pensaron que los niños no podrían llegar a desarrollarse sin leer cómo el gnomo Prilimplín vive en una estrella que cuelga de un sicomoro, historiadores que entienden imprescindible comunicar al mundo que el duque de La Rochefoucauld se hacía lavativas estomacales con agua alcanforada tres veces por día para aflojar el vientre, biólogos que se adentran tenazmente en la insondable vida del gusano de seda peruano, que cuando te descuidás te la agarra con la mano.
Allí, a ese mar de palabras, adjetivos, verbos y ditirambos, señores, hay que lanzar el nuevo libro, el nuevo relato, la nueva novela que hemos escrito desde los redaños mismos de nuestros riñones. Allí, a ese interminable mar de volúmenes flacos y gordos, altos y bajos, duros y blandos, hay que arrojar el propio, esperando que sobreviva. Un naufragio de millones y millones de víctimas, manoteando desesperadamente en el oleaje, tratando de atraer la atención del lector desaprensivo, bobo, tarado, que gira en torno a una mesa de saldos o novedades con paso tardío, distraído, pasando apenas la yema de sus dedos innobles sobre la cubierta de los libros, cautivado aquí y allá por una tapa más luminosa, un título más acertado, una faja más prometedora. Finge. El lector finge. Finge erudición y, quizás, interés. Está atento, si es hombre, a la minita que en la mesa vecina hojea frívolamente el último best-seller, a la señora todavía pulposa que parece abismarse en una novedad de autoayuda. Si es mujer, a la faja con el comentario elogioso del gurú de turno. Si es niño, a la musiquita maricona que despide el libro apenas lo abre con sus deditos de enano.
Y el libro está solo, feroz y despiadadamente solo entre los tres millones de libros que compiten con él para venderse. Sabe, con la sabiduría que le da la palabra escrita, que su tiempo es muy corto. Una semana, tal vez. Dos, con suerte. Después, si su reclamo no fue atractivo, si su oferta no resultó seductora, saldrá de la mesa exclusiva de las novedades VIP diríamos, para aterrizar en algún exhibidor alternativo, luego en algún estante olvidado, después en una mesa de saldos y por último, en el húmedo y oscuro depósito de la librería, nicho final para el intento fracasado. Ya vienen otros -le advierten-, vendete bien que ya vienen otros a reemplazarte, a sacarte del lugar, a empujarte hacia el filo de la mesa para que te caigas y te hagas mierda contra el piso alfombrado.
No desaparecerá tu libro, sin embargo, no, tenelo por seguro. Sea como fuere, es un símbolo de la cultura, un icono de la erudición, vale por mil alpargatas, tiene mayor peso específico que una empanada, una corbata o una licuadora. Irá, eso sí, con otros millones, al depósito oscuro y maloliente de la librería. No te extrañe incluso que vuelva un día, como el hijo pródigo, a la misma editorial donde lo hicieron. Y quede allí, al igual que esos residuos radioactivos que deben pasar una eternidad bajo tierra, encerrados en cilindros de baquelita, teflón y plastilina para que no contaminen el ambiente, hasta que puedan convertirse en abono para las macetas de las casas solariegas.
De última, reaparecerá de nuevo, Lázaro impreso, en la mano de algún boliviano indocumentado, junto a otros dos libros y una birome, como oferta por única vez y en carácter de exclusividad, a bordo de un ómnibus de línea o un tren suburbano, todo por el irrisorio precio de un peso. Entonces, caballeros, no esperen de mí una lucha limpia. No la esperen. Les voy a pegar abajo, mis amigos, debajo del cinturón, justo a los huevos, les voy a meter los dedos en los ojos y les voy a rozar con mi cabeza la herida abierta de la ceja.
"Puto el que lee esto."
John Irving es una mentira, pero al menos no juega a ser repugnante como Bukowski ni atildadamente pederasta como James Baldwin. Y dice algo interesante uno de sus personajes por ahí, creo que en El mundo según Garp: "Por una sola cosa un lector continúa leyendo. Porque quiere saber cómo termina la historia". Buena, John, me gusta eso. Te están contando algo, querido lector, de eso se trata. Tu amigo Chiquito te está contando, por ejemplo en el club, cómo al imbécil de Ernesto le rompieron el culo a patadas cuando se puso pesado con la mujer de Rodríguez. Vos te tenés que ir, porque tenés que trabajar, porque dejaste la comida en el horno, o el auto mal estacionado, o porque tu propia mujer te va a armar un quilombo de órdago si de nuevo llegás tarde como la vez pasada. Pero te quedás, carajo. Te quedás porque si hay algo que tiene de bueno el sorete de Chiquito es que cuenta bien, cuenta como los dioses y ahora te está explicando cómo el boludo de Ernesto le rozaba las tetas a la mujer de Rodríguez cada vez que se inclinaba a servirle vino y él pensaba que Rodríguez no lo veía. No te podés ir a tu casa antes de que Chiquito termine con su relato, entendelo. Mirás el reloj como buen dominado que sos, le pedís a Chiquito que la haga corta, calculás que ya te habrá llevado el auto la grúa, que ya se te habrá carbonizado la comida en el horno, pero te quedás ahí porque querés eso que el maricón de John Irving decía con tanta gracia: querés saber cómo termina la historia, querido, eso querés.
Entonces yo, que soy un literato, que he leído a más de un clásico, que he publicado más de tres libros, que escribo desde el fondo mismo de las pelotas, que me desgarro en cada narración, que estudio concienzudamente cómo se describe y cómo se lee, que me he quemado las pestañas releyendo a Ezra Pound, que puedo puntuar de memoria y con los ojos cerrados y en la oscuridad más pura un texto de setenta y ocho mil caracteres, que puedo dictaminar sin vacilación alguna cuándo me enfrento con un sujeto o con un predicado, yo, señores, premio Cinta de Plata 1989 al relato costumbrista, pese a todo, debo compartir cartel francés con cualquier boludo. Mi libro tendrá, como cualquier hijo de vecino, que zambullirse en las mesas de novedades junto a otros millones y millones de pares, junto al tratado ilustrado de cómo cultivar la calabaza y al horóscopo coreano de Sabrina Pérez, junto a las cien advertencias gastronómicas indispensables de Titina della Poronga y las memorias del actor iletrado que no puede hacer la O ni con el culo de un vaso, pero que se las contó a un periodista que le hace las veces de ghost writer. Y no estaré allí yo para ayudarlo, para decirle al lector pelotudo que recorre con su vista las cubiertas con un gesto de desdén obtuso en su carita: "Éste es el libro. Éste es el libro que debe comprar usted para que cambie su vida, caballero, para que se le abra el intelecto como una sandía, para que se ilustre, para que mejore su aliento de origen bucal, estimule su apetito sexual y se encame esta misma noche con esa potra soñada que nunca le ha dado bola".
Y allí estará la frase, la que vale, la que pega. El derechazo letal del Negro Monzón en el entrecejo mismo del tano petulante, el trompadón insigne que sacude la cabeza hacia atrás y hacia adelante como perrito de taxi y un montón de gotitas de sudor, de agua y desinfectante que se desprenden del bocho de ese gringo que se cae como si lo hubiese reventado un rayo. "Puto el que lee esto." Aunque después el relato sea un cuentito de burros maricones como el de Platero y yo, con el Angelus que impregna todo de un color malva plañidero. Aunque la novela después sea la historia de un seminarista que vuelve del convento. Aunque el volumen sea después un recetario de cocina que incluya alimentos macrobióticos.
No esperen, de mí, ética alguna. Sólo puedo prometerles, como el gran estadista, sangre, sudor y lágrimas en mis escritos. El apetito por más y la ansiedad por saber qué es lo que va a pasar. Porque digo que es puto el que lee esto y lo sostengo. Y paso a contarles por qué lo afirmo, por qué tengo autoridad para decirlo y por qué conozco tanto sobre su intimidad, amigo lector, mucho más de lo que usted nunca hubiese temido imaginar. Sí, a usted le digo. Al que sostiene este libro ahora y aquí, el que está temiendo, en suma, aparecer en el renglón siguiente con nombre y apellido. Nombre y apellido. Con todas las letras y hasta con el apodo. A usted le digo

martes, 15 de diciembre de 2015

QUIZÁ...

A veces deseo alejarme de todo, de todos. Quedarme sola. Escuchar al silencio y enfrentar el vacío; ponerme a mi servicio. A veces no quiero ni hablar, prefiero dejar de pensar y salir a caminar. Respirar, quemar y soltar, sonreír y volver a empezar. A veces tengo que tomar distancia para verme entera, para indagarme y entender que es lo que quiero.
Quizá sea momento de cambiar, de soltar, de mandar todo a la mierda y volver a empezar. Quizá sea momento de sacarle un sol a esta tormenta, de reírse sin parar, de volar sin tropezar. Quizá sea momento de encontrarme, de abrir los ojos y soñar, de abrir la mente y volar

¡¡ Quizá sea el momento de Vivir!!



lunes, 20 de julio de 2015

Poema de la Amistad (Jorge Luis Borges)

No puedo darte soluciones para todos los problemas de
la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores,
pero puedo escucharte y compartirlo contigo.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites estaré junto a ti.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes
y no caigas.
Tus alegrías, tus triunfos y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me
lo pides.
No puedo trazarte limites dentro de los cuales debes
actuar, pero si te ofrezco el espacio necesario para
crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te
parta el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger
los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quien eres ni quien deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En estos días oré por ti…
En estos días me puse a recordar a mis amistades mas
preciosas.
Soy una persona feliz: tengo mas amigos de lo que
imaginaba.
Eso es lo que ellos me dicen, me lo demuestran.
Es lo que siento por todos ellos.
Veo el brillo en sus ojos, la sonrisa espontánea y la
alegría que sienten al verme.
Y yo también siento paz y alegría cuando los veo y
cuando hablamos, sea en la alegría o sea en la
serenidad, en estos días pense en mis amigos y amigas,
entre ellos, apareciste tu.
No estabas arriba, ni abajo ni en medio.
No encabezabas ni concluías la lista.
No eras el numero uno ni el numero final.
Lo que se es que te destacabas por alguna cualidad que
transmitías y con la cual desde hace tiempo se
ennoblece mi vida.
Y tampoco tengo la pretensión de ser el primero, el
segundo o el tercero de tu lista.
Basta que me quieras como amigo.
Entonces entendí que realmente somos amigos.
Hice lo que todo amigo:
Oré… y le agradecí a Dios por ti.
Gracias por ser mi amigo.


martes, 16 de junio de 2015

PALABRAS QUE DUELEN

"No te van a querer ni los perros", era la frase que ella siempre usaba
para retar a sus hijos cuando se portaban mal. Primero, venía el pellizcón,
y después, como de remate, esta frase punzante, aguda. Seguramente, si le
preguntan, ella los educó con amor. Y en nombre del amor, dijo frases como
estas...

"¿Quién quiere otro choripán?", preguntó Carlos en el cumple de su hija.
Ella estaba festejando sus 19 y él se había ofrecido de asador. "¿Quién
quiere otro choripán?", insistió. "Vos no, mi amor, que estás muy gorda",
fue la frase que disparó delante de todos sus amigos. Ella se puso roja de
vergüenza, un nudo enorme le cerró la garganta y no comió más. Se levantó
despacio y la soledad de su cuarto adolescente fue el mejor refugio hasta
la madrugada del día siguiente. El padre murió preguntándose qué hizo mal
esa noche.

"Vamos, no seas mariquita", le dijo su profesor de natación cuando él –que
en ese momento tenía 6 años– pidió una toalla al salir de la pileta porque
tenía frío. Y todos sus amigos empezaron a reírse. "Mariquita, mariquita",
le gritaron. Y el profesor, lejos de hacerlos callar, los alentó. Nunca más
volvió a nadar. (Y nunca, en 34 años de vida, apoyó sus labios en los
labios de una mujer.)

"Sos un elefante dentro de la clase", le dijo su profesora de Dibujo el
primer día del primer año del secundario. Ella venía de un primario
impecable, donde Dibujo era su materia preferida. Y era, para hacer honor a
la verdad, una joven promesa. Ese año, se llevó Dibujo a diciembre. Volvió
a dibujar 28 años después, cuando –terapia mediante– descubrió cuánto la
había inmovilizado esa frase. El Perito Moreno fue el lugar elegido para
festejar sus 10 años de casados. Caminata por el glaciar, todos los
turistas en hilera para no resbalarse. Ella iba delante; él, detrás. "Tu
culo me tapa todo el sol", fue la frase que eligió él para hacer un chiste.
Y no entendió por qué esa noche ella se encerró en el baño a llorar.

Son frases que no te matan, pero te marcan para toda la vida. Frases de
mierda. No importa cuántas horas de terapia le dediques a deshacerlas,
ellas están ahí... rondando, para reaparecer sin previo aviso. Son frases
que, cuando las contás, te parece que estás exagerando, que no pudieron ser
así, que quizá las recordás mal... Entonces descubrís la crudeza de esas
palabras.
Lo bueno es que un día, porque ese día –créanme– finalmente llega, te sacás
uno por uno todos los puñales que te clavaron en el cuerpo y en el alma, te
hacés un sana, sana, colita de rana y descubrís que no fueron dichas con
odio, que los responsables de escupirnos tamañas frases son seres que
cargan, a su vez, con otras frases. Y entonces llega el perdón. Y
perdonamos. Más adelante –bastante más adelante– viene la compasión. Es ahí
cuando volvemos a sentirnos felices, con ganas de caminar sobre el Perito
Moreno más allá del tamaño de nuestro culo, de nadar y gritar: "Tengo frío,
traeme una toalla", de hacer una lista con toda la gente que te quiere.
Porque no solamente te quieren los perros...

Tratemos de pensar antes de hablar... ya que las PALABRAS QUE DUELEN tardan
muchos años en salir del corazón del otro, y hasta a veces no salen... No
perdamos tiempo con los que queremos, porque perdonar lleva mucho tiempo...
PENSEMOS ANTES DE HABLAR... TRATEMOS DE NO HERIR EL CORAZÓN DE LOS QUE MAS AMAMOS...
"PALABRAS DE AMOR, ALEGRAN EL CORAZÓN"...


miércoles, 13 de mayo de 2015

Enamorate de mi lado oscuro

 

Enamorate de mi lado oscuro,
de mi lado malvado,
del lado que nadie le gusta,
porque del otro lado
cualquiera se enamora.

Enamorate de mis malos momentos,
de mis inseguridades y mis defectos,
de mis caprichos y mis tonterías,
porque de mi lado brillante y seductor
cualquiera se enamora.
Enamorate de mi inmadurez,
de mi tozudez y mi impaciencia,
de mi parte salvaje e imprevisible,
porque de mi lado pasional e irresistible,
cualquiera se enamora.
Enamorate de mi locura,
porque de mi lado sereno,
ya te enamoraste.

domingo, 15 de febrero de 2015

No te enamores - Por Martha Rivera-Garrido

No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe…
No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca.
No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma.
No te enamores de una mujer que se ríe o llora haciendo el amor, que sabe convertir en espíritu su carne; y mucho menos de una que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una pintura y no sepa vivir sin la música.
No te enamores de una mujer a la que le interese la política y que sea rebelde y vertigue un inmenso horror por las injusticias.Una a la que le gusten los juegos de fútbol y de pelota y no le guste para nada ver televisión. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo.
No te enamores de una mujer intensa, lúdica y lúcida e irreverente.
No quieras enamorarte de una mujer así.
Porque cuando te enamoras de una mujer como esa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así, JAMAS se regresa.



martes, 23 de diciembre de 2014

Hoy brindo

Hoy brindo...

... por el amor
... por el amor de mi vida 
... por mi familia 
... por mis hijos que nos colman el alma
... por lo amigos que son la familia elegida, esa que en los buenos momentos siempre encuentra un motivo para reír, y la que en los momentos no tan buenos te acompaña y te contiene.
... por las risas y por las lágrimas
... por las pesadillas y por los sueños que nos hacen vibrar
... por la música y por los silencios
... por las presencias y por las ausencias que duelen
... por los susurros y por los gritos a cuatro vientos
... porque estan y estoy
... por los que se fueron y aun permanecen a nuestro lado y por los que sin cambiar de lugar, están a una distancia que creemos imposible acortar
... por los que no somos perfectos, ni deseamos serlo
... por ese pasado que nos hace quienes somos y por ese futuro que lleno de esperanza y misterio nos espera a partir de mañana

Salud!


miércoles, 13 de agosto de 2014

EL VALIOSO TIEMPO DE LOS MADUROS...


"Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante,que el que viví hasta ahora...me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas:las primeras las comió con agrado,pero cuando percibió que quedaban pocas,comenzó a saborearlas profundamente...
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables,donde se discutan estatutos, normas,procedimientos y reglamentos internos,sabiendo que no se va a lograr nada...
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que,a pesar de su edad cronológica,no han crecido...
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades; no quiero estar en sitios donde desfilan egos inflados.No tolero a maniobreros y ventajeros...
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto,si soy testigo,de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.Las personas no discuten contenidos,apenas los títulos...mi tiempo es escaso como para discutir títulos...
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa. Sin muchas golosinas en el paquete...
Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana,que se sepa reír de sus errores,que no se envanezca con sus triunfos...que no se considere electa antes de hora,que defienda la dignidad humana y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas,gente a quien los golpes duros de la vida,le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí.Tengo prisa por vivir con la intensidad que sólo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna de las golosinas que me quedan...estoy seguro que serán más exquisitas de las que hasta ahora he comido...
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.Espero que la tuya sea la misma,porque de cualquier manera...llegarás..."
Mario de Andrade.